Perseguidos y rechazados en varios países, habitantes del campamento de refugiados en Jordania se embarcan el jueves.
Traducción: Yasna Mussa
20 de septiembre del 2007
Ruwayshid, Jordania.- Ahmed quiere tener un pedazo de tierra, una vaca y una esposa brasileña. Ali Samir quiere ser comerciante, Mohamed Sadi tiene planes de abrir un restaurante e Issa pretende dar clases de agronomía. Pero la mayoría sólo quiere vivir.
En precarias carpas en el medio del desierto en la frontera entre Jordania e Irak, una mezcla de sueños, planes, temores y dudas ocupan las mentes y miradas de cada uno de los refugiados palestinos de Irak que en el próximo jueves 20, se embarcan para Brasil.
Así en el campo de Ruwayshid, creado en Jordania luego después de la caída del régimen de Saddam Hussein en Irak en 2003 y que ahora será cerrado gracias a los acuerdos establecidos entre la ONU y Brasil para que el país reciba 117 refugiados. En el horizonte, los jeeps de la policía de frontera, en un silencio quebrado solo por el viento y por lo ñiños que intentan transformar las piedras del árido suelo en un parque de diversiones.
Ruwayshid funcionó como uno de los centros de la ONU para intentar dar una solución provisoria al caos en Irak. El local ya llegó a tener mil personas y la perpectiva de encontrar una patria para esos palestinos es motivo de fiesta. " aquí no tenemos vida. Brasil nos dará vida", afirmó Mustafá Khaled, de apenas 18 años.
En el campo de refugiados, la depresión de los últimos meses fue substituida por el entusiasmo con la perspectiva del viaje. Muchos, sin embargo, admiten que no saben que pensar sobre Brasil y reconocen que dudaron en aceptar la propuesta por causa de la lengua. "Pero luego quedó claro para todos que era eso o nada" afirmó Anne Marie Deutschlander, oficial de la ONU en Jordania.
Vida nómade
La tragedia vivida por los palestinos que están en Rawayshid no es nueva en sus vids. Muchos están saliendo de un país por cuarta o quinta vez. En los años 80, esos refugiados fueron recibidos por el dictador Saddam Hussein en Bagdad, donde consiguieron casas. Con la caída del régimen, pasaron a ser blancos de las milicias chiitas y tuvieron que huir.
Cuatro años después, el campamento con carpas terminó convirtiéndose en más que un lugar provisorio, ya que pocos países los aceptaban. Las carpas ocuparon pequeños jardines para intentar recuperar la idea de un hogar, fueron improvisadas divisiones al interior de las carpas para marcar el lugar de la sala, habitaciones y cocina. Algunos, como Ahmed Mustafa, incluso hicieron uso de su experiencia como electricista para instalar cables de tv, luz y un ventilador para lograr soportar los 40 grados de calor en el desierto.
Depresión
En el campamento, todos dicen que la vida de los últimos cuatro años fue dura. Diarrea, falta de agua, y de desidratación fueron problemas constantes. Durante el día, las ondas de calor no perdonaban a los palestinos. Por la noche, no todos tenías ropa suficiente para aguantar el frío que hace en el desierto. Eso sin contar las tempestades de arena. Pero todos concordaron que el peor sufrimiento fue el psicológico. Según los funcionarios de la ONU que estuvieron en el lugar en los último años, el peor momento del campamento fue cuando el gobierno canadiense anunció en 2006 que daría asilo para los palestinos, pero que aceptarías solo cerca de 50.
Los que no fueron seleccionados para dejar el lugar se sintieron rechazados y la depresión adquirió relevancia en el campamento seguido de más de un abandono. Uno de ellos hasta sufrió un ataque cardiaco y no sobrevivió. "Él no soportó la noticia que recibió", afirmó Rashida Uma Adnana, madre de la víctima y que está hoy solita en el campamento con 75 años. "Soy valiente y sé que podré adaptarme en Brasil. Al final de cuentas, ya es la quinta vez que me cambio de país", afirmó.
Realidad
Entre los funcionarios más expertos del Alto Comisionado de la Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), las advertencias son de que muchos de los sueños serán difíciles de realizar. "No podemos crear un sentimiento de que Brasil será un paraíso. Pero no podemos impedir que esas personas sueñes, después de cuatro años viviendo en una carpa en el desierto. La integración puede ser un proceso lento, serán años de aprendizaje", afirmó uno de los funcionarios de la ONU.
Fuente: http://www.estadao.com.br/internacional/not_int53477,0.htm |