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Por: Juan Dufflar Amel
3 de septiembre del 2007
Mientras en sus tratativas y conversaciones con la Autoridad Nacional Palestina el primer ministro israelí, Ehud Olmert, asume posturas conciliatorias, el ejército sionista continúa sembrando desolación y muerte en los territorios ocupados de Cisjordania y Gaza.
Los brutales ataques lanzados por los carros de combate israelíes el pasado miércoles en la localidad de Beit Hanun, al norte de Gaza, causaron la muerte de tres niños palestinos pertenecientes a una misma familia cuando jugaban alrededor de su vivienda.
La versión inicial del ejército, desmentida posteriormente para justificar tan abominable hecho, fue “que los menores se encontraban al lado de una lanzadera de cohetes Al-Qassam”, lo que se comprobó que era totalmente falso.
Hace apenas una semana otros dos infantes palestinos perecieron en similares circunstancias en la Franja de Gaza.
Ese mismo día, 24 palestinos fueron heridos durante la operación militar llevada a cabo por decenas de vehículos blindados que irrumpieron en la ciudad de Qalqilia, donde decenas de sus habitantes fueron detenidos para ser interrogados, y mientras soldados del ejército y la Unidad Especial de la Policía impusieron el toque de queda en varios barrios del oeste y sur de la ciudad, las excavadoras rodearon y destruyeron varias viviendas.
Los niños palestinos son frecuentes víctimas mortales de los asaltos e incursiones de las tropas sionistas y se estiman en más de mil los asesinados desde el año 2000, mientras los heridos y los que se mantienen presos en cárceles israelíes triplican esa cifra.
Además de las constantes acciones militares contra la población civil, el gobierno de Tel Aviv mantiene bloqueada económicamente la Franja de Gaza, que enfrenta una situación al borde de una crisis humanitaria.
El más reciente informe difundido por la Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) señala que el ingreso bruto personal en los territorios palestinos cayó el año pasado en 15% y la pobreza alcanza al 53% de población.
La UNCTAD responsabiliza al bloqueo impuesto por Israel por la caída y el colapso de la producción de bienes locales en los territorios ocupados y señala que en un período de 10 años se ha perdido un tercio de la capacidad de reproducción palestina, mientras la agricultura disminuyó en el 19% y la industria en 7%.
En los últimos cinco años, las medidas de seguridad y las restricciones al libre movimiento de la población, combinados con una fuerte caída de la inversión en la región, condujeron a una pérdida de ocho mil 400 millones de dólares de ingresos potenciales, dos veces el tamaño de la economía actual.
El oprobioso muro segregacionista erigido por Israel en Cisjordania, con una extensión de cientos de kilómetros, no solo expropió fértiles zonas de cultivo y fuentes de agua, sino que también separó a miles de palestinos de sus tierras de cultivo y centros de trabajo, haciendo más precaria su situación económica.
En el mismo período, indica la UNCTAD, se han perdido unos mil 200 millones de dólares debido a la retención por parte de Israel de impuestos recaudados en nombre de la Autoridad Nacional Palestina.
El descenso de la ayuda internacional al Gobierno palestino tras la elección del Movimiento de Resistencia Islámica (Hamas) se sumó al impacto económico causado por siete años de la permanente política de agresiones y restricciones sistemáticas llevada a cabo por Israel.
Esta situación debería servir de referente a Israel en las negociaciones de paz.
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