Declaración Balfour, es la declaración emitida por Gran Bretaña el 2 de noviembre de 1917 en favor de la creación de una nación judía en Palestina. La idea fue consolidándose a través de una carta enviada en marzo de 1916 por el político británico Arthur James Balfour, que en esta época era ministro de Asuntos Exteriores del gabinete presidido por David Lloyd George, a Edmond James Rothschild, un destacado defensor del sionismo.
El gobierno británico expresaba en este escrito su apoyo al "establecimiento de una nación para el pueblo judío en Palestina". Asimismo, Gran Bretaña se comprometía a poner "todo su empeño para facilitar la consecución de este objetivo, teniendo presente que no debía llevarse a cabo ninguna acción que pudiera perjudicar los derechos civiles y religiosos de las comunidades palestinas que no fueran judías, o los derechos o situación política de la que disfrutaran los miembros de la comunidad judía residentes en otros países".
Por lo general, se ha considerado que la declaración Balfour fue un compromiso unilateral adquirido por el gobierno británico. Su fin inmediato era conseguir el apoyo del pueblo judío, de otras naciones en lucha y de países neutrales, como Estados Unidos, a la causa aliada durante la I Guerra Mundial. En cuanto a los objetivos a largo plazo, el motivo que subyacía a la política británica era la importancia de Palestina como punto estratégico para las rutas marítimas y terrestres a la India y, sobre todo, como último eslabón en el Mediterráneo de los oleoductos procedentes de las regiones petrolíferas de Oriente Próximo.
La creación de un estado sionista bajo protección británica habría proporcionado a Gran Bretaña la posesión de este codiciado trofeo, al tiempo que representaría una prueba fehaciente de la aplicación del lema de los aliados: "la autodeterminación de las pequeñas naciones". El 24 de julio de 1922, la declaración fue incorporada al mandato de la Sociedad de Naciones para Palestina, en el cual se establecían las condiciones conforme a las cuales se le confiaba a Gran Bretaña la administración temporal de este país en nombre de sus ciudadanos árabes y judíos. Una consecuencia indirecta de la declaración Balfour fue la proclamación de Israel como estado independiente en 1948 en la zona sometida a la supervisión británica.
Fuente: jerusalemites.org