Pero la voracidad “israelí” aún no estaba saciada por lo que dirigió sus fuerzas hacia el Sur para ocuparlo y derrotar al ejército egipcio considerado la mayor potencia árabe. A mediados de octubre ocupó amplias superficies, desde el Sur hasta Beer Sheva y al Sur de Jerusalén, extendiéndose hasta la costa sur con lo que el número de refugiados volvió a aumentar hasta 664 mil que fueron expulsados de 418 aldeas.
“Israel” trasladó sus fuerzas del Sur hacia el Norte para llevar a cabo la ocupación total de Galilea y de 12 aldeas libanesas a principios de noviembre de 1948, controlando todo el Norte de Palestina más allá de la frontera libanesa, cerca de Galilea.
En Galilea ocurrió el mayor número de masacres debido a lo montañoso de la zona y como método para aterrorizar a la población que no quiso abandonar la ciudad situada en el estado árabe según la resolución de la partición.
Por esa situación, “Israel” cometió 24 matanzas en Galilea de un total de 34 que pudieron ser registradas, pues ninguna aldea se salvó de los asesinatos, la destrucción y el horror.
No hay dudas de que las masacres no eran más que una estudiada política israelí a fin de atemorizar a la población y expulsarlos, para así apoderarse de sus tierras, según testimonio de miles de sobrevivientes. A pesar de ello, Occidente no quiso prestar oídos a esos testimonios, ni creyó en ellos.
En los últimos años fueron publicadas investigaciones llevadas a cabo por historiadores israelíes que estudiaron los expedientes sionistas a los que tuvieron acceso. Esos documentos confirmaron la ocurrencia de dichas matanzas y las atribuyeron a la guerra, pero esa opinión comenzó a perder valor por la clara evidencia de que las matanzas se repetían invariablemente en cualquier circunstancia y por el hallazgo de órdenes expresas de altos jefes que ordenaban eliminar a la población.
Ahora han sido abiertos los informes de aquellos que actuaron como observadores durante el armisticio. En sus informes, los expertos plantean que por la cantidad de masacres cometidas “no tenemos el tiempo suficiente, ni las posibilidades para investigar cada una de esas atrocidades”.
Pero los países árabes perdieron su capacidad de luchar para salvar a la población y no pudieron obviar las divergencias surgidas entre ellos en cuanto a la creación de una dirección unificada, por lo que se apresuraron a firmar los acuerdos de tregua con “Israel”, comenzando por Egipto seguido por Jordania, El Líbano y por ultimo Siria. Tras la firma de los acuerdos “Israel”, sin disparar un solo tiro, ocupó Neguev, en la región sur, hasta llegar a Um Rashrash, actual Elat, para izar su bandera en el Golfo de Al Aqaba.
Mientras se llevaban a cabo las negociaciones para la tregua, el Rey Abdallah renunciaba a 436 kilómetros cuadrados en el pequeño y fértil triángulo densamente poblado. Las sitiadas fuerzas egipcias, entre cuyos oficiales se encontraba Gamal Abdel-Nasser en cumplimiento de las condiciones de la tregua, se retiraron de Al Faluja con todas sus armas.
Con la ocupación del 78 por ciento del territorio de Palestina, “Israel” traspasó la línea divisoria por todos los lados, es decir el 24 por ciento por encima de lo estipulado en el proyecto de partición, pues ocupó Galilea Central destinada al estado árabe, también ocupó un triángulo que la unía a Jerusalén, a través de Led y Ramleh, a pesar de que Jerusalén es una zona internacional y de que todo lo que la rodea es árabe, según la resolución de la partición.
En el Sur, “Israel” se extendió hacia el Mar Muerto, ocupando la ciudad árabe de Beer Sheva. También las tres cuartas partes de la zona costera destinada a los árabes, de la cual solo quedó la pequeña Franja de Gaza.
Con ello “Israel” ocupó seis mil 300 kilómetros cuadrados que no estaban incluídos en el proyecto de partición. El territorio árabe usurpado por “Israel” era doce veces mayor al territorio judío de 1948. Realmente fue una gran adquisición.
A nivel humano esa catástrofe dejó 900 mil refugiados que fueron expulsados de 531 ciudades y aldeas y emigraron hacia lo que quedó de Gaza, al Sur, al Este hacia lo que se conoce por la Ribera Occidental y al Norte hacia Siria y El Líbano.
La catástrofe pasó a la historia como una mancha negra que costó la vida a muchos dirigentes y gobernantes; la caída de tronos y de regímenes y un precio que aún siguen pagando millones de refugiados en Palestina, sus alrededores y en el exilio.
El reparto del botín
Nunca antes en la historia moderna se había visto que una minoría extranjera invadiera la patria de una mayoría, con apoyo político, financiero y militar del exterior, que la expulsara de su patria y que borrara sus trazos como sucedió en Palestina. “Israel” distribuyó las hermosas casas de Jerusalén occidental, Haifa y otras ciudades entre los más destacados hombres del gobierno y en el resto albergó a cientos de miles de judíos procedentes de países occidentales. Las tres cuartas partes de las aldeas fueron arrasadas y sus casas destruidas, el por ciento restante también fue destruido pero en menor grado.
Es impresionante ver como algunos refugiados, ya ancianos, toman a sus hijos y nietos, cuando se les hace posible, y van a visitar el sitio donde estuvieron sus aldeas, para enseñarles su ciudad natal cuyo recuerdo llevan grabado en el corazón. Allí encuentran una pared por aquí, un árbol por allá, que los lleva a imaginarse que su ciudad aún está viva, algo que solo es una realidad en sus corazones y en el de sus hijos.
Allí buscan la tumba de sus abuelos las que encuentran dispersas o con inscripciones en las que aparecen frases racistas en hebreo. Siguen buscando y encuentran asombrados que la mezquita se convirtió en un museo, en un restaurante o en un basurero.
El exterminio geográfico
A pesar de que hasta ahora el sionismo ha logrado usurpar la tierra, expulsar a sus habitantes y dispersarlos por todas partes del mundo en lo que se puede llamar exterminio geográfico, no podrá jamás eliminar al pueblo palestino el cual ha sobrevivido y se ha mantenido cohesionado en gran medida, y no desaparecerá como desaparecieron otras naciones anteriores en catástrofes menos graves.
¿Que le sucedió a la tierra?
“Israel” se ha tejido una tela de araña de legislaciones y leyes para protegerse de la condena internacional.
Comenzó por poner todas las tierras árabes en fideicomiso, asumiendo la responsabilidad de “cuidar los bienes de los ausentes” por lo que las confiscó como propiedad del estado. A tales efectos consideró ausente a todo aquel que se encontrara refugiado en un país árabe y que fue expulsado de su hogar por medio de guerras y masacres. También consideró ausente a todo palestino que permaneció en su tierra y fue a visitar a sus parientes a un país vecino, aún cuando estuviera a solo un kilómetro de distancia.
Si “Israel” desea apoderarse de una tierra cuyos dueños aún se encuentran en ella, declara la zona cerrada por motivos de seguridad y procede a evacuar a sus habitantes a quienes luego considera ausentes.
Eso fue lo que hizo con las aldeas de Iqret y Baram, a cuyos habitantes mandó a salir por solo dos semanas y aún no han vuelto a ella. Es posible que muchos no conozcan la existencia en el propio “Israel” de refugiados palestinos, quienes fueron expulsados de sus casas y considerados ausentes-presentes a pesar de que tienen la nacionalidad “israelí”. Son 250 mil habitantes, es decir, un cuarto de los palestinos residentes en el país.
El segundo paso de “Israel” fue establecer un “Organismo de Desarrollo” con derecho a explotar los territorios palestinos, alquilarlos y utilizarlos solo en beneficio de los judíos, colocando todas esas tierras bajo el régimen de “cuidar los bienes de los ausentes”.
Dicho organismo entregó a su vez, como tercer paso, todas las tierras a la “Administración Israelí para los Territorios”, la cual se ocupa de administrar las tierras de los refugiados luego de anexarles las tierras judías pertenecientes al Fondo Nacional Judío. (En el año 1999 surgió una divergencia entre el gobierno y el Fondo por lo que sus territorios se volvieron independientes).
“Israel” alquiló las tierras palestinas a los kibuts y moshav (aldeas cooperativas) por medio de contratos renovables cada 49 años, con la condición de que esas aldeas no le alquilaran terrenos a ningún árabe ni le permitieran invertir o trabajar en ellas.
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