De dieciséis a dieciocho horas al día es mucho tiempo para estar sin electricidad, especialmente cuando las personas están acostumbradas a ella. Y sobre todo cuando no hay ni siquiera velas.
Afectadas ya de por si por la crisis económica, desde hace tres meses las familias de Gaza tienen que arreglárselas además con un suministro eléctrico intermitente. El 28 de junio los ataques aéreos israelíes destruyeron la única planta eléctrica de la Franja de Gaza.
La planta de 150 millones de dólares, destruida unas horas después de que tres bombardeos aéreos israelíes destrozaran diversos puentes en Gaza, suministraba aproximadamente la mitad de la electricidad necesaria en la Franja. Será necesario un año para reparar la central eléctrica y restaurar totalmente el suministro de electricidad en la Franja de Gaza.
"Esto es una pesadilla para mis hijos", dice Mohammed, un refugiado de Palestina de 55 años y oriundo de Beersheba, en el Desierto de Negev. Sus hijos se despiertan a menudo durante la noche gritando debido a la oscuridad.
"No hay suficientes velas en Gaza. Puedes recorrer toda la Franja y no encontrar ninguna". Además, nos dice, que, si hay velas disponibles, el número es muy limitado y demasiado caras. Se venden al triple del precio habitual de 1 shekel israelí. (0.25 dólares). "Las fronteras están cerradas y tenemos que vivir en la oscuridad", explica Mohammad.
Mohammad, que vive con su familia de diez miembros en el campo de refugiados de Jabalia, hace fuego en el interior de una habitación vacía. Encendido con cartones y ramas de árbol, el fuego es usado para cocinar lentejas y unas hojas verdes parecidas a la espinaca (khubbezeh) que sus hijos recogen en el campo.
Aunque huela toda la casa, el fuego es la única alternativa valida para cocinar que tiene la familia de Mohammad. "No hay electricidad", dice. "El gas es caro y todas las otras fuentes de energía también. No hay dinero", se lamenta.
Aun así, considera que su familia es afortunada por vivir cerca de la carretera general, ya que su casa recibe luz de la calle(1). Quiere comprar una lámpara de gas, pero dice que son demasiado caras (llenar una bombona de gas pequeña tiene un coste aproximado 21 shekels israelíes (5 dólares)). Volviendo a los viejos tiempos, muchos ciudadanos de Gaza están utilizando sus lámparas de keroseno y gas.
Mohammad también se considera afortunado por recibir ayuda de la UNRWA. "Solo la UNRWA apoya a mi familia. Nadie más", insiste.
Los cortes en el fluido eléctrico provocan otros problemas como quedarse encerrado en un ascensor, algo ya habitual para muchos.
Así le ocurrió a Mahmoud, un refugiado de Palestina oriundo de Jaffa. Cuando hablamos con él acababa de salir del ascensor del edificio de apartamentos en el que vive en Rafah (al sur de la Franja de Gaza) en el que se había quedado atrapado. Todos los vecinos dependen de dos chicos jóvenes que saben que hacer para liberar a los que se quedan encerrados.
Mahmoud es un desempleado de 50 años. Tiene siete hijos, problemas crónicos en la espalda, y prefiere quedarse en casa a aventurarse a bajar una escalera de 9 plantas o a usar el ascensor.
Los apagones dificultan también a sus hijos el estudio, como a la mayoría de los niños de Gaza. Todos los hijos de Mahmoud están matriculados en escuelas de la UNRWA, excepto el mayor, de 21 años, que estudia derecho en Gaza. Como los demás, los hijos de Mahmoud solo pueden estudia durante las horas en las que hay luz natural.
La única planta eléctrica de Gaza fue destruida en junio de 2006
"La falta de electricidad es una catástrofe para nosotros en la Franja de Gaza", declara Mahmoud amargamente. Los constantes cortes de luz han estropeado los electrodomésticos y nos dice que como no tenia comida alguna para poner en la nevera, optó por arreglar sólo la lavadora.
Los apagones son todavía más problemáticos para los musulmanes durante el mes sagrado del Ramadán. Mohammad dice que durante el suhoor, la comida de la mañana antes de la salida del sol, su esposa debe guiarse palpando en la oscuridad.
Cuando le preguntamos sobre las posibles alternativas a la falta de electricidad ahora que llega el invierno, Mahmoud predice que "el invierno va a ser un desastre".
(1) En algunas zonas, como en la que vive Mohammad, hay dos conductos de electricidad distintos: uno de uso público y otro privado.
Fuente: Oficina de Información Chileno-Palestina |